Política 20

La malvada España en América

La Historia como hecho objetivo no existe. La historia la cuenta cada uno a su manera.

No quiero decir que no haya hechos que se puedan contar: los hay por miles, pero el mero procedimiento de seleccionar qué se cuenta y qué se silencia ya introduce un sesgo, inevitable. Luego ya, el cómo se cuenta introduce el resto de la adulteración.

Piense en lector en cómo recuerda él, él mismo, la propia historia, la que ha vivido desde que tiene consciencia, y piense en algún compañero de clase, en algún amigo, en alguien que haya vivido en su misma ´época y lugar: a pesar de las coincidencias, esa otra persona no contará casi nada de la misma forma, porque ni interpretará ni sentirá lo ocurrido de igual manera. Y esto es así compartiendo ya muchos sesgos, como gran parte de la información recibida, gran parte de la ignorada y, probablemente, un ambiente similar, un entorno parecido durante casi toda su vida.

La Historia de la conquista por lo que apenas era, al inicio, «España», de lo que ahora se llama Latinoamérica, es, sin duda, una de las «historias» especialmente sesgadas . Hay muchos contadores, y cada cual lo hace a su manera. Sorprenden, por ejemplo, las manifestaciones, casi histéricamente revanchistas, del actual presidente mexicano, y sorprenden las respuestas airadas de algunos, convirtiendo la conquista casi en una guerra de salvación contra bárbaros caníbales que dominaban el continente por doquier…

Sería recomendable un poco de mesura, sopesar (algo) lo que se dice y no caer en un anacronismo absurdo, juzgando con la vara de medir del siglo XXI hechos que acontecieron hace quinientos años. Aún así, sabemos que el pasado va a ser siempre objeto de controversia e instrumento de utilización política, pero los niveles que estamos alcanzando en este y en algunos otros asuntos son patéticos.

Absurdo es adjudicar la culpa a los españoles que no vivieron aquellos hechos, y absurdo igualmente es encasquetársela a los indígenas que vivieron antes en los territorios conquistados. Absurdo es montar batallas usando argumentaciones propias de niños de diez años cuando deberíamos atenernos a un debate a nivel de doctores universitarios.

Contar, siempre, es simplificar, y simplificar es deformar. Pero, siendo inevitable, al menos hagámoslo lo menos posible y con un poco de rigor. El nivel de simplificación, de infantilización del debate, es tal que da vergüenza ajena, menos a quienes lo sostienen. Ellos sí que deberían pedir perdón, y ellos sí que son, justamente, quienes jamás lo harán.

La Historia como hecho objetivo no existe: la historia la cuenta cada uno a su manera, y por eso, precisamente por eso, hay que ser especialmente cuidadoso, y nada sectario, al intentar contarla bien.

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