Subir cotizaciones para pagar pensiones

Entre 2000 y 2020 no pasamos media vida oyendo aquello de que las cotizaciones sociales eran excesivas, que lastraban a las empresas y el empleo, y que debían reducirse. Coño, es que nos lo dijeron mil veces, al menos hasta febrero de 2020.

La normativa, de hecho, se tiñó durante años de excepciones, de bonificaciones, de alteraciones que hacían que las empresas cotizaran menos por los mayores de 45 años desempleados desde hacía no sé cuánto, o por los jóvenes hasta los 35, o por las mujeres que no sé qué, o por los pelirrojos que no sé cual. Parecía normal, porque se trataba de aliviar pesadas cargas a las empresas, aunque, como siempre pasa con las excepciones ad hoc, muchas veces fueron fuente de fraude y de aprovechamientos indebidos.

ahora llevamos quince días levantándonos para oír al ministro Escrivá decir que hay que subir las cotizaciones para poder pagar las pensiones. Y en esas estamos, perplejos, es decir, profundamente ignorantes de cuál es la verdad, si es que tal cosa existe.

Del mismo modo que justo antes de la bestial crisis de 2008, que se llevó por delante todo un sistema financiero al que hubo que rescatar con una millonada, oíamos a diario aquello de que «España tiene uno de los sistemas financieros más robustos del mundo», pero al día siguiente resultó que estábamos avalando ya, o sea, acoquinando entre todos pasta para que nos se nos hundiera también el BBVA o el Santander, y con ellos todo el supuestamente robusto sistema, ahora descubrimos que pagar pensiones, subirlas conforme al IPC, dar pagas también para los que no cotizaron lo suficiente pero tienen derecho a comer, etc, etc, no sale gratis, no se puede hacer en virtud de un articulito de los Presupuestos que diga que tienen derecho, sino que requiere que el otro lado de la balanza, el de los ingresos, suba también.

Mientras tanto, algunos seguirán montando plataformas de pensionistas, manifestaciones y demás historias para pedir pensiones dignas, que por lo visto no tenemos. Y lo seguirán haciendo, apelando solo a una de las dos partes de la balanza, porque nuestros políticos ha tenido precisamente ese discurso durante los últimos 40 años. Han hecho creer a la gente que todo es fácil: es sencillo que es pagar las cosas, sin más, como se ha hecho siempre, echando mano del artículo, yo qué sé, 37, de los próximos presupuestos, y aquí todos contentos, todos justos y benéficos. ¿Por qué no se va a hacer aquello que siempre se ha vendido como factible?

¿O… no?

De repente nos damos cuenta de que lo que que no se lleva en España es contemplar a la vez las dos caras de la moneda. Lo que se lleva es el terraplanismo presupuestario que hace que se crea que los gastos no necesitan ingresos, que el Estado dispone de ellos por emanación divina y gratuita.

Lo que no se lleva es decir la verdad. Y la verdad es que con el sistema que tenemos, los cotizantes de hoy le están pagando a los pensionistas actuales más dinero del que estos aportaron en su momento (ni aún capitalizándolo generosamente), y que, a cambio, es evidente que dentro de treinta años será imposible para los cotizantes de entonces pagarles a los cotizantes de ahora las pensiones.

El discurso populista pretende que sí, que sí que es posible, que siempre es posible, pero no lo es, y nunca lo ha sido. A ver cómo lo arreglan algunos… sin renunciar al populismo.

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