Escoger entre Sánchez y Abascal

La guerra abierta entre Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado (de la que, como hemos dicho, hablaremos poco durante los próximos meses aquí, porque nos parece un asunto de política pequeña), dejará mientras tanto un panorama que, para el común de los ciudadanos, supondrá, en la práctica, tener que escoger entre Sánchez o Abascal.

El Partido Popular va a quedar claramente por debajo de Vox en las encuestas de los próximos meses (no hace falta ni esperar al aluvión que llegará en estos días para saber que será así), de manera que si a Sánchez se le ocurriera ahora mismo convocar elecciones, los electores se verían obligados a escoger entre el PSOE y Vox como «voto útiles».

La jugada, claramente, sería muy beneficiosa para ambas partes. Para el PSOE, porque la polarización frente al malvado Abascal le beneficiaría claramente y lograría gran parte de los votos que, en otras condiciones, irían a parar a Unidas Podemos o a partidos nacionalistas. Para Abascal, porque muchos votantes de derechas y hasta de centro, sintiéndose huérfanos, acabarían votando por él. En el nuevo parlamento su partido sería, por tanto, el segundo de España, y podría prepararse desde esa cómoda posición para intentar un futuro, nunca descartable del todo, asalto al gobierno de España.

Solo queda una alternativa para el PP: acabar pronto con esta crisis y buscarse un nuevo líder, sólido, que haga olvidar pronto a los electores a Pablo Casado, que está completamente amortizado políticamente. Si Casado se empeña en enrocarse, o Sánchez le convoca elecciones precipitadamente y es él quien concurre como cabeza de lista popular, el desastre está asegurado para el PP. Vox les acabará doblando (como poco) en votos y triplicando (al menos) en escaños.

Más les vale a los barones del PP forzar la pronta convocatoria de un congreso del Partido donde Feijóo (o quien sea) intente revertir la situación como nuevo líder. La alternativa (no exenta de riesgos, porque también está ya notablemente quemada) sería apostar el cien por cien a un liderazgo de Ayuso. La presidenta madrileña dispone de un activo del que carece Casado: millones de personas que irían tras ella allá donde se presente. Aunque acumula también muchos odios y resquemores, al menos eso podría valerle para que la contienda electoral no fuera un mano a mano entre Abascal y Sánchez.

En definitiva, solo un Fejióo (o una Ayuso, o algún otro candidato sorpresa con tirón) puede evitar que las próximas elecciones se sustancien en un cara a cara entre Sánchez y Abascal donde ambos saldrán ganando pero quizás los españoles pierdan.

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