Subir impuestos sin que el que paga se entere

El IRPF es un impuesto progresivo, lo que significa que la tarifa (el porcentaje de impuesto que se paga respecto al total que se gana) sube conforme se ingresa más dinero.

Sin entrar en más detalles, lo importante es saber que esta tabla, la vigente para 2022, es idéntica a la de 2021.

Eso implica que el IRPF ni sube ni baja, ¿no es verdad? Pues no, no es verdad. Con una inflación galopante, que a finales de 2021 alcanzaba el 6.5%, no actualizar la tarifa supone que más y más contribuyentes escalan posiciones en la tabla para pagar más. Bastante más.

Así que el IRPF sube este año, y lo hace en una cuantía de cierta consideración, que dependerá de en qué lugar de la escala esté situado cada cual. El efecto medio por contribuyente irá desde algo menos de 100 euros anuales en Ceuta y Melilla hasta más de 200 en Madrid y Barcelona.

Esta subida resulta en principio indolora e… insípida para el gobierno, porque el contribuyente no se entera salvo cuando ve cómo le sube la retención en nómina al producirse un incremento salarial. El incremento en la inmensa mayoría de los casos no servirá ni para enjugar el aumento de precios, de forma que, en términos reales, a pesar de la subida nominal de la nómina, el trabajador ganará menos que el año anterior, pero pagará un porcentaje superior de sus ingresos en el IRPF.

Esta forma encubierta de subir los impuestos es una mala práctica que de vez en cuando aplican los gobiernos cuando quieren elevar la recaudación sin pagar el precio político que implica reconocer públicamente una subida de tributos.

Impuestos subidos sin coste público ni trascendencia en el telediario. ¿Qué más se puede pedir?

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