Encuestas que, ahora, no sirven

Las encuestas son, casi, como las cotizaciones bursátiles: reflejan un estado de ánimo presente, pero no intentan adivinar el futuro, porque esa tarea pertenece a otras ramas de la ciencia política, no a la demoscopia.

Las cotizaciones bursátiles, al menos, sí intentan prever cuál puede ser el escenario próximo, y por eso a menudo se dice que «anticipan» el ciclo económico. Por supuesto, siempre que se quiere ver más allá, los riesgos aumentan, las incertidumbres crecen, y el riesgo de equivocarse es cada vez mayor.

Pero todo eso no puede hacer que deje de intentarse. Es tarea del analista político jugar con esas cartas para intentar ver venir los acontecimientos, porque de lo contrario su papel es el de un mero cronista del presente.

Los partidos disponen de asesores que juegan este papel, pero rara vez todas estas cábalas llegan a la opinión pública. Salvo que en el futuro comience a desarrollarse un auténtico mercado de «proyecciones», que procuren anticipar no solo dónde está ahora el electorado, sino dónde estará cuando de verdad importa (dentro de seis meses, o de dos años, o cuando sea que se celebren las elecciones de las que se trate), lo cierto es que las encuestas hoy por hoy se limitan a sacar una fotografía del momento presente, que además tiene los márgenes de error que todos conocemos.

En resumen, el promedio de encuestas (mejor que las encuestas individuales) se limita a reflejar , borrosa, la situación actual.

Pues bien, la realidad electoral de hoy para unas elecciones generales en España es esta:

Los datos fríos muestran un escenario no muy diferente al de 2019, con la izquierda ligerísimamente menos fuerte, pero mucho más que hace un año. La clave es el desplome del PP durante los dos últimos meses, que se está acelerando, unido a la subida de Vox, que en muchas encuestas incluso «sorpassa» a los populares.

Esto es lo que hay, pero no es lo que habrá. Una proyección para dentro de dos meses tendrá que contar con que el congreso del PP se habrá celebrado y emergerá un nuevo liderazgo. Teniendo en cuenta la relativa seguridad que hoy por hoy existe ya sobre cómo será esa situación, podemos aventurarnos a «proyectar».

Imaginemos a Feijóo al mando de un nuevo PP, a comienzos de mayo de 2022. Lo que la experiencia política nacional e internacional nos dice es que, en la mayoría de las ocasiones, esto provoca una revitalización de las expectativas de voto del partido que «se renueva».

Con esa mira en la cabeza, con el conocimiento que tenemos de lo que podría suponer ese nuevo papel a jugar por Feijóo, y con un esquema razonable de transferencias de voto consecuencia de todo lo anterior, hemos elaborado nuestra proyección para mayo. Son tres meses, pueden pasar muchas cosas que ahora mismo se nos escapan, pero esos son los riesgos propios de las proyecciones. Estando las cosas como están, y si se desarrollan como es previsible, la proyección más razonable para mayo de 2022, con todas las incertidumbres que implica, lleva a un notable reagrupamiento del voto de centro a derecha en el PP.

Este será el punto de partida más realista que contemplamos tras el congreso del PP de abril, y no el que hoy marcan los sondeos. Con este escenario más probable deberían contar los partidos políticos hoy, empezando por Vox, a quien lo que menos le conviene es creer que ha conquistado lo que aún est´á muy lejos de consolidar.

Por tanto, nuestra premisa actual es que en mayo comenzará la auténtica carrera para las elecciones generales, y para ella, nuestra proyección completa (mucho más arriesgada que las encuestas, somos conscientes, pero también mucho más útil) es la siguiente:

A finales de mayo tocará revisarla y ver si es más ajustada que las simples encuestas de las que disponemos hoy por hoy. Lo haremos, con luz y taquígrafos, aquí.

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