Ya lo sabíamos pero no veíamos: ya lo sabemos pero no miramos

Nada como los golpes que nos da el presente para entender, al fin, la historia que nos cuentan sobre el pasado.

Cuando en la escuela nos hablaban de la trayectoria de Hitler siempre nos asaltaba a todos la misma duda: si este señor, antes de invadir Polonia había hecho lo mismo, de una forma u otra, con Austria, con los Sudetes, etc… ¿por qué no se le detuvo antes?

Antes de que llegara la guerra de Ucrania ya lo sabíamos. Ya vimos la actuación de Rusia con Georgia, con Chechenia, y ya comprobamos cómo se anexionó, sin miramientos, Crimea. ¿Qué esperábamos, entonces? ¿Cómo pudimos no darnos cuenta antes?

No fuimos conscientes porque no hay nada tan humano como poner la atención en el sitio equivocado para distraerse y no apreciar la realidad. En el clásico experimento psicológico, se presenta a un grupo de personas un vídeo con dos equipos jugando al baloncesto, y se les pide que cuenten con precisión cuántos botes dan al balón los jugadores de ambos equipos (o cualquier otra cosa similar). Mientras lo hacen, un hombre disfrazado de gorila cruza lentamente entre los jugadores, y desaparece por el lado contrario… sin que quienes están absortos en la tarea de contar lo vean.

Estábamos ensimismados, contando nuestras batallas contra la extrema derecha, la extrema izquierda, librando nuestras guerras feministas o antifeministas, nuestras cositas de occidentales, y no apreciamos que en Rusia seguían viendo el mundo como hace 60 años. No entendimos que la «natural» expansión de la OTAN era vista por ellos como una agresión. No comprendimos que, en un mundo desigual, los que nos creemos más «avanzados» y más «democráticos», tenemos que estar unidos en lugar de separados, tenemos que invertir, mal que nos pese, en prepararnos ante posibles agresiones, sencillamente porque el resto del mundo ni es igual que nosotros ni tiene (aún) los mismos valores.

Ojalá hayamos aprendido la lección.

Pero, mientras tanto, debemos seguir alerta, porque, aprendiendo esta lección, quizás desaprendamos otras tan importantes o más. El potencial de destrucción total o casi total del planeta que tienen varios países, y no solo Rusia, sigue estando ahí. La crisis climática, de la que quienes saben llevan avisándonos décadas de manera infructuosa, también. El problema de la creciente independencia productiva de la Inteligencia Artificial y la posible obsolescencia de la mano de obra humana, llegará más pronto que tarde a hacerse ineludible. ¿Prestamos ahora atención a todo esto y buscamos formas de afrontarlo?

Debemos tener cuidado de que, contando bombas en Ucrania, no acabemos por estar ciegos ante esos otros problemas que acechan a toda la humanidad, y que pueden cruzar por delante de nosotros sin que los veamos hasta que ya sea demasiado tarde para ponerles solución.

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