Ucrania ganará Eurovisión

Hace dos y medio meses, cuando la guerra de Ucrania aún era solo una posibilidad remota, la canción ucraniana que se presenta este año al festival de Eurovisión languidecía en la mitad de la clasificación de las candidatas a ganar el premio.

Hoy, nadie duda de que ganará. Por supuesto, en estos dos meses ni la calidad de la canción ha experimentado la más mínima variación, ni los gustos musicales de los europeos han cambiado tanto como para justificar semejante «ajuste» en las apuestas.

Y es que, en los festivales como en la vida, no importa tanto la canción que se intreprete como su oportunidad. Al votar, en festivales y en elecciones, las personas priman sobre todo las emociones, los impulsos. El resultado es que no suele ganar el mejor, ni el que más se lo merece, sino quien está en el lugar adecuado en el momento oportuno.

El ser humano decide siempre así, y a menudo decide injustamente, mezclando churras con merinas y dando a las preguntas difíciles (¿la canción de qué país es mejor?) las respuestas que encuentran para otras más fáciles (¿qué país me cae mejor?).

Todo lo cual tiene hondas repercusiones en la teoría de la decisión y en el conocimento de lo profundamente ineficientes que suelen ser la decisiones políticas y sociales que adoptan las masas y sus dirigentes.

Pero no perdamos la perspectiva, o mejor, dejémosla de lado: ahora lo único que importa es que, salvo que la guerra cambie mucho de tono en la próxima semana, Ucrania se llevará de calle el festivalillo del 14 de mayo. Y, resignémonos: quizás así tiene que ser.

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