Política 20

La reverencia, Freud y los tiempos en política

Pongo el reloj en marcha a las 18:00 horas del sábado, con el compromiso de despachar esto en quince minutos.

No es difícil, se trata de escribir a la que salta, como quien forma un gobierno, eso sí, tras ocho meses de zozobras, en solo 24 horas después de haber ganado, por la mínima, unas elecciones, y buscando como socios, precisamente, a aquellos que, un mes antes, afirmaba que no me dejarían dormir por las noches si buscaba su compañía.

Puesto que, pasado el fatídico día del 10 de noviembre, las noches de Pedro Sánchez parecen ya ser más tranquilas, habrá que suponer que Pablo Iglesias ya no le perturba con ronquidos u otras maniobras que hagan imposible la continuación del sueño.

Lógico. Los de Pablo ahora aplauden al rey cuando este acude al Congreso para abrir, solemnemente, por supuesto, la legislatura, y por el camino se van dejando jirones, como por ejemplo el abandono del sector «anticapitalista», que no digiere eso de que se aplauda al Borbón, y menos aún desde el banco azul.

Son las 18:05, y, a vuelapluma, la legislatura se presenta turbia pero larga. ¿Es posible? Sí, lo es, porque quienes podrían dinamitarla poco interés tienen en hacerlo, sino, más bien, en conseguir ventajas a base de beber de las ubres del poder. Con una reforma del sistema de financiación pendiente, que es la madre de todas las batallas, nadie, ni peneuves ni e-errecés van a arriesgarse a romper una baraja que podría llevar al as de bastos, digo, a Santiago, digo, a Vox, a una posición aún más fuerte dentro del panorama político nacional.

Digámoslo claramente: todos estos van a aguantar varios años, a base de gestos para la galería, de subidas de SMI, de medidas esparcidas aquí y allá para seguir contentando a la tropa de los votantes, porque más vale gobierno conocido que parlamento por conocer.

Mientras tanto, ayudan, y mucho, los de la oposición, si tal cosa se puede llamar a un todo deslabazado de naranjas en retirada, voxeros que creen en pucherazos, y peperos que se suman al discurso de su derecha porque, parece, carecen de hemisferio izquierdo en el cerebro.

Dicho sea con todos los respetos, o sin ninguno, vamos camino de tener el país que nos merecemos, o el que nos merecimos, porque de todo hay y de todo habrá.

Es por la tarde, sale el sol y los embalses se llenan, o no, según en qué parte de España se lea esto. Dirán ustedes que por qué les cuento esto, pero es que me sobra un poco de tiempo y quiero dejar claro que una cosa es la cosa de la política y otra la política de las cosas… reales.

Mientras Iván Redondo, ese hábil estratega, le hace reverencias nacidas del más puro inconsciente a Quim Torra, Freud se revuelve en su tumba y yo me largo a poner etiquetas, buscar foto destacada, y acabar en tres minutos este sainete, que son las seis y doce, y España espera.

NOTA: Faltaron las negritas, pero eso va a ser mucho, y, además, de meterlas me llamarían racista, dado el cariz de los tiempos.

Contadlo: son las seis y catorce, ¡y está hecho!»

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