Política 20

Un año de la foto de Colón

Un año, tan solo un año ha pasado desde la foto que sirve de encabezamiento a este artículo, aunque para quienes seguimos a diario la política española pudiera parecernos que ha transcurrido un siglo.

Esta es, quizás, la fotografía más famosa del último lustro político en España, la que sin duda marcó el cambio de década, la que hizo de nuestro país, probablemente, algo muy diferente de lo que podía haber sido de no haber sido tomada nunca.

En la imagen, Albert Rivera, por entonces líder de Ciudadanos, posa junto a Pablo Casado, un nuevo líder del PP que apenas conseguía hacerse visible, y Santiago Abascal, cabeza de un Vox que había despuntado en Andalucía pero que ni de lejos sospechaba las cotas que luego ha alcanzado.

La foto marcó a uno de los tres protagonistas del momento, dinamitando su futuro político para siempre. Albert Rivera, dos meses después, aún pudo conseguir un más que aceptable resultado electoral, porque su partido se quedó a un paso de superar al PP en las elecciones del 28 de abril.

Pero el destino de Rivera ya estaba, en parte, definitivamente sentenciado desde aquel diez de febrero. Su alineamiento torpe, su incapacidad para entender la necesaria transversalidad que su partido representa, su toma de partido nítida, sin matices, y su veto no solo a Pedro Sánchez sino a todo el PSOE, le llevó a ser indentificado con una de las «dos Españas», puso en valor a sus dos compañeros de viaje y le desdibujó a él, impidiéndole dar un «sorpasso» limpio y definitivo al PP.

Así Rivera, creyendo dar fortaleza a su posición, acabó apuntalando a quienes compartieron con él foto y banderaen aquel día de febrero, y quedándose él mismo sin sitio y sin futuro.

Tras las elecciones de abril Sánchez intentó formar gobierno con Podemos, amagando pero no dando (que era lo que le convenía hacer), y mientras tanto Rivera se enquistó en su negativa al pacto, con lo que firmó sin saberlo su finiquito político. De paso, facilitó el encumbramiento de Santiago Abascal como depositario natural de un discurso que Rivera había hecho suyo sin más, sin entender la profunda complejidad de la nación española.

Hoy, un año después, Rivera es historia, y su partido va camino de serlo, también, ahogado en su propio aliento. Los otros protagonistas de «la foto de Colón» siguen brillando, aunque sea desde una incómoda oposición al «gobierno felón», pero a Ciudadanos se le ha ido el color, desdibujándose en el blanco y negro de lo que pudo haber sido y no fue.

Salvo que Arrimadas lo remedie, este será el destino del partido naranja: el blanco y negro del pasado, y un temprano olvido.

Le queda a Inés poco tiempo para arrreglar el desaguisado, porque quizás para mañana… sea tarde. Quizás ya sea tarde hoy.

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