Teresa en el país de las realidades

Teresa Rodríguez, la líder de Podemos, o sea, de Unidos Podemos, o sea, de Unidas Podemos, o sea, de Adelante Andalucía, se va, o se va a ir próximamente.

Sus disputas con Pablo Iglesias, esas discrepancias crónicas que han afectado a casi todo, empezaron, o eso parecía, por el uso y el nombre de «la marca» Podemos, para seguir con un indisimulado nacionalismo que no casaba del todo con el proyecto nacional de Iglesias, y para terminar con la adscripción, cada vez más definida, del sector «anticapitalista» que capitanea con la rebelión interna frente a la «política de sumisión» que Podemos está practicando frente, o junto, o bajo el PSOE…

En cualquier momento, Teresa, junto CON su compañero en la vida, el alcalde de Cádiz, y un buen puñado de anticapis andaluces y no andaluces, hará público lo que ya lo es: que se marchan, que lo dejan, que ellos no van a aplaudir al rey o a quienes le aplauden, que van a formar un partido nuevo, o algo nuevo, ya se verá qué, pero que esto no se puede sostener ni un minuto más.

Lo de Teresa, en fin, es lo de siempre. Es el choque entre la realidad y los sueños. Las cosas se transforman cuando las poseemos, y la llegada a los gobiernos nos transforma hasta hacernos irreconocibles. ¿Verdad, Pablo?

Pablo, por cierto, está en otra guerra: la de la gobernabilidad, la de arrancar «mejoras» poco a poco, según se pueda, y eso supone tragar con que siga Tezanos, con que se nombre fiscal general del Estado a alguien políticamente marcado o con aplaudir al rey, vaya.

Y en esas estamos: unos han prometido lealtad al rey mientras otros, casualmente los que no han tocado poder ni sueñan ya con él, no se lo perdonan, y prometen seguir siendo fieles a las esencias.

Fuera hace mucho frío, pero al aire libre las esencias se conservan mucho mejor. Dónde va a parar.

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