Política 20

El coronavirus ya ha matado a muchas personas en España

Para que luego digan que no es grave: hoy me he topado con el coronavirus cuatro veces distintas, cuatro. En la primera me hablaron de discriminación escolar hacia alguien que iba a regresar de China en breve. En la segunda un grupo de niños jugaba en un parque a «pillarse», pero pasándose el «coronavirus». En la tercera una anciana hablaba de cancelar un viaje casi gratuito, de esos del Imserso, porque en la ciudad de destino alguien decía que había algún infectado (o algo parecido). En la cuarta, una pareja que paseaba tranquilamente, pegó un respingo al cruzarse de repente, al doblar una esquina, con un pequeño grupo de turistas japoneses.

Ninguna de las personas mencionadas ha estado a menos de cien kilómetros de distancia del coronavirus.

En cambio, en cada una de las aulas de esos colegios en los que las madres se reúnen en corrillos, atemorizadas por la llegada de alguien proveniente de China, circulan libremente, y a la vez, el virus de la gripe, el de la rinofaringitis, el de la otitis y el de la tontuna. Auténticos virus ibéricos con denominación de origen y carta de naturaleza, oigan.

Eso sí, en España el coronavirus se ha extendido como la peste (nunca mejor dicho), porque las urgencias hospitalarias están sufriendo demoras promedio de 40 minutos adicionales, y en consecuencia , el tratamiento de muchas dolencias graves y urgentes se están viendo retrasadas.

Esta enfermedad está causando en España, hoy, muertes, sin siquiera haber recorrido libremente ni una sola de nuestras calles, ni haber entrada en las vías respiratorias de un solo ciudadano patrio. Miedo me da lo que pueda ocurrir el día en que haya un contagio real.

La enfermedad nos está matando en forma de accidentes, de retrasos médicos, de automedicaciones insensatas y de paranoias profundas. Son fallecimientos que jamás serán atribuidos a este virus, porque se producirán en silencio, esperando turno en una sala de espera atiborrada, o mientras un médico saturado nos cita para tres días más tarde de lo que nos hubiera correspondido, o mientras la vida pasa ante la pantalla de un televisor que refleja imágenes de Wuham.

Una enfermedad con un índice de morbosidad inferior al de muchos virus que nos rodean y que nos aniquilan a diario, una enfermedad así, puramente mediática, nos tiene en jaque, disparando el consumo farmacológico y sobrecargando nuestros consultorios médicos, convirtiéndolos a veces en un caos. Al mismo tiempo, en el colmo de lo absurdo, provoca histerismo, brotes de racismo y segregaciones varias.

No es una broma: el coronavirus ya ha matado, y mucho, en España. Lo hace por omisión, que es la forma más vil del asesinato, la que no deja huellas y no señala culpables. Y lo hace por nuestra propia estupidez.

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