La derecha inexistente

Si algo se le puede reconocer a Vox es la existencia. Para ellos, una roca es una roca, un español es un español, y muy español, y mucho español, y un rojo es un rojo con todas las de la ley y sin vuelta de hoja. Y además, malo.

A Vox no se le puede andar con tonterías, como cuando Samuel Johnson le propinó una sonora (y dolorosa) patada a una piedra para ridiculizar las teorías idealistas de Berkeley, que andaba dudando sobre la realidad o no de las cosas. «Lo refuto así», dijo Johnson, mientras daba el sonoro puntapié.

Pues con Casado, Pablo, A Johnson no le valdrían esas tretas. Casado es más de los de Berkeley, pero no de la universidad californiana, sino de la doctrina idealista británica: el líder del PP es tan sutil, tan… mimético, tan inexistente, que si alguien le diese una patada probablemente lo atravesaría sin dejar huella.

Casado dice lo que tiene que decir, justo cuando lo tiene que decir y como lo tiene que decir. Pero nunca profiere ni una palabra de más ni una de menos; nunca se sale del guión, y hasta tal punto es así que se diría, si se llamara Platero, que es creación de un poeta y su materia es toda entera de algodón. Otra posibilidad es que el hombre sea un enviado del futuro, de ese futuro en que todo esté robotizado, y se trate de un zíborg milimétricamente programado para cumplir con un guión preestablecido sin desviarse ni una pizca. Ustedes ríanse, pero no descartemos nada, por si acaso.

Pero bueno, volviendo a España y a Juan Ramón Jiménez, aunque el nombre del líder del PP también empieza por «p», no es Platero, y, por supuesto, no Casado es un burro sino una persona.

Bueno, un poco burro sí que puede ser, porque con sus modales de chico-que-hace-y-dice-solo-lo-que-toca, le deja un ancho campo a Santiago Abascal para que este, más bronco, progrese a da gusto y le coma la merienda, como todo buen matón de patio ha hecho y hará siempre.

Así que, a este paso, en un par de años Pablo acabará por difuminarse del todo. En el lugar que ocupa ahora, puede que para entonces solo quede el verde rostro del líder de Vox, ungido como representante único de una derecha que no gobernará en muchos años, pero que, al menos, será más dura, más terca y más real que la roca de Johnson.

Eso, al menos, sí que habremos ganado con el cambio del azul por el verde: una brizna de realidad.

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