Política 20

Reconozcamos que este es el virus más contagioso, y tomemos medidas de una vez

Por mucho que algunos se empeñen, no debemos minimizar el impacto de la crisis que estamos atravesando. Hay cierta corriente en estos días que quiere quitarle importancia, pero en mi opinión se equivocan, porque lo que estamos sufriendo y, más aún, lo que nos queda por sufrir, es gravísimo.

No digan que no nos avisaron. Ya lo hicieron con la gripe A, y con la gripe aviar, y con el ébola. Nos avisaron y requeteavisaron: solo era cuestión de tiempo que llegara el virus realmente contagioso y mortífero.

Pues bien, ya está aquí. Los políticos le quitan yerro (o simplemente lo ignoran) pero la realidad es tozuda. El volumen de intoxicados es altísimo y sus efectos devastadores.

No es casualidad que los canales de Venecia, las calles de Milán o de Florencia, y hasta las avenidas de la misma Roma se encuentren en estos días casi desiertas. Es que el virus ha llegado, con enorme fuerza. Podemos intentar relativizar la realidad o adulterar los datos, pero ahí están sus efectos. El presidente de la región del Lazio se halla en aislamiento domiciliario, y el gobierno sopesa ahora mismo someter a cuarentena a dieciséis millones de personas. Como para no darle importancia…

Las urgencias hospitalarias, ya en España, están al borde del colapso. Los profesionales sanitarios no dan más de sí y si esto prosigue igual durante unas pocas semanas más, las bajas laborales y la disminución en la calidad del servicio estarán a la orden del día. Todos los días, hoy por hoy, muchos que deberían salvarse no lo logran por culpa del colapso. Gripes, traumatismos, dolencias de lo más variado están dejando de ser atendidas como deberían, y de esta forma, muchos que deberían ser atendidos en minutos lo están siendo en horas.

Pero el asunto va mucho más allá de lo sanitario. Como decíamos antes, el turismo, fuente de ingresos esencial para Italia (¡¡y más aún para España!!) se está resintiendo. Y se resienten también, y de qué manera, la hostelería y la restauración, los cines, y el teatro, las conferencias y los encuentros, y… lo que es peor, se extiende como la pólvora un efecto más difuso pero no por ello menos real: se está resintiendo toda la vida social, que se encuentra al borde de la catalepsia.

Todavía algunos dirán que este virus no es peligroso, y pretenderán convencernos de que nada importante ocurre…

Pues se equivocan. Esto no es un síntoma, sino una confirmación de lo que se veía venir desde hace décadas: el más terrible y contagioso de los virus ha llegado hasta nosotros y lo ha hecho para quedarse. Lo de menos es que haya utilizado como excusa para difundirse una pandemia que apenas mata a una de cada doscientas personas a las que alcanza, y que la mayoría de quienes la contraen superan sin siquiera enterarse, confundiéndola con una gripe o un catarro fuerte. Lo de menos es que nos haga olvidar que de lo que se debería haberse tratado aquí, exclusivamente, es de evitar con medidas drásticas el colapso del sistema sanitario ante la acumulación de casos en pocos días, y que una vez superada esa fase, las cosas volverán a su cauce. En lugar de eso nos hemos dedicado a vaciar supermercados de papel higiénico, a no adoptar medidas profilácticas básicas hasta que ha sido tarde. Lo de menos es que, como consecuencia de haber dejado el proceso en manos de los medios en lugar de las autoridades sanitarias, nos estemos metiendo en una nueva recesión que ojalá dure poco, pero que perfectamente nos podríamos haber ahorrado.

Lo importante es que este virus nos ha sido inoculado con insistencia y ahora es terriblemente contagioso, porque su portador ha sido el mayor viral de la historia de la humanidad. Es el FEAR-20, el virus del miedo, y lo portan los medios de comunicación de masas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *