Política 20

La paradoja de la prevención

Hoy es viernes y tenemos mil casos diarios más de coronavirus en España. Probablemente mañana o pasado serán incluso más, hasta que, con suerte, la semana que viene empezarán a reducirse paulatinamente los nuevos positivos diarios.

Se especula con que para más adelante habrá un nuevo pico, allá por el 25-30 de marzo, como consecuencia de las aglomeraciones populares del 8-M, la concentración de Vistalegre, etc. Puede que esto último sea un espejismo, y ojalá sea así, o puede que no. En todo caso, la mera especulación deja algo claro: ante una crisis como esta lo mejor es tomar medidas drásticas que eviten el colapso del sistema sanitario, aplanen la famosa curva de incidencia, y permitan que esta baje por debajo del nivel de saturación del sistema. Con ello demoramos muchas patologías para más adelante, cuando podrán asumirse por debajo del nivel crítico, y además es posible que existan ya algunos medios adicionales de cura (vacunas, etc).

Lo segundo «mejor» es no hacer nada y asumir el riesgo de que el sistema colapse durante unos pocos días, con lo que unos cuantos cientos de enfermos de todas las patologías y enfermedades morirán por falta de atenciones. Lo peor es tomar medidas poco a poco y de manera timorata, para acabar llegando a las drásticas cuando ya es tarde, porque eso también desborda al sistema, y además lo hace durante más tiempo que si no hubiéramos hecho nada.

Finalmente, en los tres supuestos, el número de contagiados es similar, y para pandemias de este estilo, se acerca al del conjunto de la población. Lo único que varía es el número de víctimas mortales y… los efectos económicos que se generan. En ambos casos las situaciones intermedias son las más dañinas, y con diferencia.

Y por esa vía, justamente, es por la que está transitando el gobierno español. Por la peor de las posibles. Si se hubiera tomado medidas drásticas alrededor del día 5 o 6 de marzo, en lugar de acabar tomándolas, como va a ser finalmente, para el 23, el gobierno hubiera tenido que soportar agrias críticas de alarmismo y exageración, confirmadas por el hecho de que, finalmente, el sistema no habría colapsado en ningún momento. Como no se ha hecho, las soportará porque las escenas que van a poder verse en los hospitales (y fuera de ellos) no serán apropiadas para todos: y porque van a causar muertes innecesarias.

Y así se escribe la historia. Un gobierno cobarde que no quiere ofender a la opinión pública, en disputa además con unos gobiernos de comunidades autónomas a los que les pasa exactamente lo mismo, no ha hecho lo que tenía que hacer por miedo a las críticas inmediatas que habría recibido de hacerlo. Pero, precisamente por ello, finalmente las críticas serán mucho mayores, y por si fuera poco, vendrán cargadas de razón.

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