Política 20

Somos escorpiones

A mediados de marzo la vida cambió para todos. Un organismo invisible llegó para recordarnos algo que muchos habíamos olvidado: no somos invulnerables. No somos dueños de nosotros mismos, estamos a merced de todo lo que nos rodea, y precisamente el no ser conscientes de ello nos vuelve más débiles.

Fue también por aquella época cuando llegó la epifanía. El encierro hizo que nos planteáramos nuestra existencia. Empezamos a ordenar armarios y a hacer pan, y por el camino nos preguntábamos si llevábamos la vida que queríamos. Salíamos a los balcones a aplaudir a los sanitarios y empezamos a escuchar expresiones como “esto nos va a cambiar”, o “la sociedad será mejor a partir de ahora”.

Pero, ¿realmente lo será? La pandemia se atenúa, al menos en nuestro país. La desescalada sigue su curso y ya podemos reencontrarnos con nuestros seres queridos. Poco a poco iremos retomando nuestra vida de antes, y dentro de unas semanas, aunque algunos hábitos sean diferentes y el virus no haya desaparecido, todo habrá quedado atrás y el mundo seguirá girando.

El Consejo de Ministros ha aprobado hoy el Ingreso Mínimo Vital. Una prestación social que permitirá respirar a muchas familias sin recursos. Pero no nos engañemos, también hará aflorar esa picaresca tan propia de nuestro acervo patrio. Porque todos conocemos a alguien que ha movido cielo y tierra para conseguir una subvención o una paga, tirando de un contacto en tal conserjería o ayuntamiento, cuando en realidad no necesita esa ayuda.

Eso sí, tenemos la conciencia tranquila, porque “si todo el mundo se aprovecha, no voy a ser yo el tonto que cumpla”. En este primer mundo lleno de comodidades en el que vivimos, donde nos podemos permitir pensar en algo más que comer al día siguiente, lo normal es que queramos conseguir una vida mejor. Y si puede ser, sacrificando poco.

El ser humano es egoísta y miserable por naturaleza. Y también tiene una memoria frágil, lo cual a veces le beneficia, pero no siempre. En poco tiempo nos olvidaremos del miedo, de la incertidumbre, de las ganas de mejorar. Volveremos a comprar el pan fuera de casa, volveremos a quejarnos de lo mal que está todo. Y, por supuesto, no se nos ocurrirá hacer nada para cambiarlo. Como en la fábula del escorpión y la rana, está en nuestra naturaleza. Y eso no lo cambian ni mil pandemias.

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