Política 20

La cacareada competencia fiscal como arma entre partidos y no como debate serio

En España solo se habla de los asuntos más importantes cuando salta alguna alarma. Mientras tanto, puede permanecer larvados, o peor aún, pudriéndose y pudriéndonos durante décadas, sin que nadie ose tocar el tema.

El asunto de la financiaci´ón est´á en el origen de los males más profundos que nos aquejan y, en concreto, del peor de todos ellos: la división.

La financiación explica la muy distinta evolución del sentimiento independentista en Cataluña y Euskadi en las últimas tres décadas, con un crecimiento inusitado en la primera y un cierto retroceso en la segunda. La financiación explica también múltiples atrasos que arrastramos y muchas rigideces que padecemos.

Al hilo de esto, todos los años, la Fundación para el Avance de la Libertad publica un ránking de competividad fiscal de las comunidades españolas. La Fundación, como casi todas, no es un ente beatífico, sino que defiende determinados ideales y formas de ver las cosas. Así que el ránking, que es objetivo y con criterios sostenidos a lo largo de los años, no es sin embargo neutro: parte de determinados presupuestos y, por tanto, muestra un sesgo.

Aún así, esta clasificación es muy útil, porque muestra evoluciones muy claras y deja en evidencia que la disparidad fiscal entre comunidades españolas es un problema serio, o una gran oportunidad, o yo qué se ya…

Hasta hace poco, parecía que los más nacionalistas propugnaban siempre la especifidad fiscal, frente a la homogeneización que defendían los más centralistas. Pero, en un sorprendente giro, la política española ha virado en los últimos dos años justo hacia las posiciones opuestas. ¿Cómo es posible? Porque nadie se para a defender modelos con profundidad y debate. Porque lo que interesa es afianzar la situación particular de cada cual. En concreto, la muy diferente posición que en ránkines de este tipo ocupan Madrid y Cataluña explica que políticos catalanes y de izquierdas defiendan lo que cualquier lógica dice que debería defender políticos madrileños de derechas, y que estos hagan justo lo contrario.

Y explica también otra cosa: aquí no se opina por convicciones o por una visión de fondo determinada, sino por la coyuntura en la que se encuentre cada cual. Y esto vale tanto para ayusos como para rufianes.

Da igual el país en el que nuestros políticos crean: al final, en lo concreto, en el tema de la financiación y la autonomía tributaria, todos defienden las posiciones que le interesan a corto plazo, sea cual sea la presunta ideología que profesen o el nombre del país que, a largo plazo, digan defender.

Con una mirada miope jamás se han emprendido reformas que perduren.

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