Política 20

Las carmonas giratorias

Mientras semana sí, semana también, nos desayunamos con nuevos máximos históricos en el precio de la luz, hoy nos hemos despertado, también, con la noticia de que uno de los muchos viejos socialistas de los 90 y los 2000, Antonio Miguel Carmona, desembarca en Iberdrola como vicepresidente.

No es que sea algo extraño, ni que sorprenda a nadie, ni nada. Carmona es economista, uno de tantos, pero no es eso lo que le lleva a una vicepresidencia que todos sabemos bien pagada. Lo que le aúpa es su vinculación política con uno de los dos partidos que desde que nuestra memoria alcanza gobiernan España. No hay más.

Hubo un tiempo, hace una década, o quizás menos, que uno o un par de partidos nuevos llegaron a la política española para que algunos albergáramos, ingenuos, la esperanza de que se iba a acabar con todo esto. Con estas cosas. Con estas mierdas. Pero llegaron, triunfaron efímera y levemente, y con su pan se lo comieron, o sea, nos dejaron, de nuevo, huérfanos.

Podemos y su revolución transversal, finalmente ni fue transversal ni revolucionario, más allá de las formas. Ciudadanos apareció después en la escena, como un Podemos de derechas lleno de propuestas avanzadas e interesantes, que se disolvieron luego, pero es que enseguida, en medio de fotos en Colón y focos puestos en el lugar equivocado.

Nada quedó después de las propuestas estrella, la despolitización de la justicia, la disolución del Senado, o de las diputaciones, o la legalización de conductas socialmente legales pero inquisitorialmente mal vistas. Nada quedó de la tibia esperanza en una nueva generación de políticos que acabasen con los de siempre y con lo de siempre.

Tenemos, ahora, dominando en las encuestas, a las mismas siglas que lo hacían en 1990 o 2000, volviendo a dominar las encuestas. Los presuntos renovadores de izquierdas y derechas, llegados más tarde, se nos han quedado al borde de la desaparición, o domesticados en el Gobierno hasta tal punto que muchas veces solo aportan superficialidades estéticas sin fondo.

Verduras de las eras.

Mientras tanto, quien alcanza la cima la conserva, dando vueltas a las puertas. A las giratorias y a las otras. Mientras tanto, nuestra esperanza envejece y muere.

Dentro de tres meses, cuando el precio de la luz baje porque hasta lo que más sube acaba por bajar, o quizás precisamente por haber subido tanto, nadie se acordará de Carmona. Porque estaremos muertos.

Muertos de toda esperanza.

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